Volver a casa: el cuerpo como punto de partida

Llevo años escuchando la misma frase en mis clases: “no sé cómo se siente mi cuerpo”. Y entiendo. Vivimos hacia afuera, pendientes de la pantalla siguiente, de la lista de pendientes, del ruido. El cuerpo se vuelve un transporte que solo notamos cuando duele.
El yoga, antes que ser una práctica de posturas, es un acto de regreso. Sentir el peso de los pies sobre el suelo. Notar el aire entrando por la nariz. Reconocer un nudo en el hombro y, sin querer arreglarlo, simplemente quedarse ahí. Mirarlo.
Esa es la raíz: aprender a habitar el cuerpo otra vez. Desde ahí, todo lo demás se ordena.
Si nunca has practicado, no hace falta flexibilidad ni equipo. Solo cinco minutos al día, descalza, en silencio, sintiendo cómo respiras. Empieza ahí.
