Acroyoga: confiar en el otro y en una misma

La primera vez que mi maestra me puso boca arriba con los pies hacia el techo y otra persona se subió encima, mi cerebro entró en pánico. Mi cuerpo entendió antes que mi cabeza: si soltaba la respiración, todo se caía.
El acroyoga es un diálogo. Hay una persona base (la que sostiene), una persona flyer (la que vuela) y una persona spotter (la que cuida). Las tres son igual de importantes. Si la base no respira, el flyer se siente. Si el flyer se tensa, la base se cansa. Si el spotter pierde foco, todo se vuelve inseguro.
Lo que me enamoró de esta práctica es que no se trata de fuerza ni de gimnasia. Se trata de comunicación. De escuchar el cuerpo del otro como si fuera el tuyo. De aprender que pedir ayuda no te hace débil; te hace humana.
Si quieres probar, lo único que necesitas es venir con disposición de soltar el control. Lo demás lo construimos en clase.

